martes, 29 de abril de 2014

Querida ciudad:
me gustaría pedirte
que dejes de hablar
para poder escuchar
la lluvia.

jueves, 24 de abril de 2014

martes, 22 de abril de 2014

El hospital "Dr. Cosme Argerich"
es triste, como corresponde.
El muchacho que atiende
en la guardia me asustó
cuando le dije los síntomas:
- Hago pis verde,
como el increíble JOLK.
- ¿Por qué no vinistes antes?
No hay que dejar pasar.

Ese tono severo lo relacioné
con la imagen de una virgen
(no sé cuál de todas es)
ubicada en una de las paredes sucias
de la sala de espera,
(todas las salas de los hospitales
son de espera) cuya misericordia
lleva inscripta una nota al pie:
"Madre: no te merecemos,
pero te necesitamos".
El puesto de libros
de medicina ahí al ladito
no sabe bien qué decir.

"Si no tenemos mal alguno,
vamos al hospital a enfermarnos"
Una paciente tose sus penas
en mi campera. 
Una señora explica que el olor
a orina proviene, efectivamente,
de su pañal. Un hombre 
enchufado a algún medicamento
me calma: a mi señora le pasó
lo mismo y no era nada.

Tengo que hacer pis
en un sachet de suero
cortado a la mitad, salir
del baño sin luz con el
recipiente improvisado
un poco húmedo
y buscar a la enfermera
como si fuera a brindar
con ella / permiso, me dice,
y mete una jeringa, mientras
sostengo el medio sachet,
saca muy poco -
y me costó mucho / el resto,
me dice, tiralo en el inodoro.
Vuelvo al baño y "no hay luz"
me avisan.

Otra vez, 
con la señora incontinente, 
que deambula hace mucho
por los cuartitos del laboratorio, 
y el buen hombre empático,
que asegura que estoy bien,
ni me doy cuenta
que algo me aprieta el brazo
y me pinchan y no vi cuando 
abrió el empaque de esa jeringa
pero ya está / en dos horas
y media
pasás a buscar los resultados.

Salgo para desayunar
en un barcito que lleva
el mismo nombre del hospital,
y desde ahí miro las rejas 
del establecimiento.
Alguien ha colgado de ellas
una feria americana.
Hay camisas con hombreras,
y esas son las prendas más nuevas.
La tetera del bar está oxidada,
pero el té - me autoconvenzo - 
es el más rico del mundo.
Pagué tan poco
que me siento como en casa.

El resto fue seguir esperando
frente a la virgen
con un libro de Pizarnik
- la única im-paciente
en todos los hospitales -
sobre las piernas - porque apoyarse
contra el respaldo no da seguridad.
La señora Cotidian fue atendida
pero se pasea aún frente
al consultorio 100 de guardia.
Diez veces me hacen 
la pregunta / ¿están atendiendo? 
y señalan la puerta, con el dedo débil.
La doctora ya se va / ahora te traigo
lo tuyo.
Una mujer pasa gritando / 
¡una colaboración para la cooperadora
del hospital!
No tengo nada / salió todo bien, dice
la doctora / un poco
de anemia / fijate / a lo mejor algo 
que comiste - y se mete en el 100
como un cucú.

No llegué a dar las gracias
y no tengo para la cooperadora.
Afuera limpian por quinta vez 
la entrada de ambulancias
y el 168 me hace correr.

viernes, 4 de abril de 2014

Estaremos solas,
lo prometo.
Nadie tocará
las puertas 
de nuestra solitaria
compañía.
El sol de la mañana 
alumbrará
tu mano
como la luz clave
a la actriz principal.
No habrá 
ni la sola idea
del murmullo 
callejero,
ni el asomo
de la posible
ruidosa
visita en ascensor.
Tampoco
se quejará
la puerta
de planta baja,
ni se encenderá
ninguna voz
en el televisor.
Por la noche,
también habrá
la constante
inocurrencia 
del silencio.
La única imagen
borrosa
del pasado
en muchedumbre
se quemará 
en tu beso.
Quizás escuchemos
pequeños golpes
como dedos
en el borde
de la ventana.

Pero la lluvia
no vendrá
a inmiscuirse
en vano,


lo prometo.