sábado, 7 de diciembre de 2013

Además hay que leerlos

Mientras bufamos
mirando el techo,
tirados en la cama
o en el sillón,
ambos 
benditos cómplices
de casi todos
(si no todos)
los pecados capitales,
se ve asomar el lomo 
de las mascotas
que guardamos 
en estantes 
sólo por si alguien 
osara, acaso,
llamarnos burros,
advirtiendo, 
como siempre,
el otro lomo, 

el nuestro, el ajeno.

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