lunes, 22 de octubre de 2012

lunes, 15 de octubre de 2012

La tía Clara


Era solitaria, es cierto, pero, a veces, también se sentía sola. Una vez, durante el verano, escapé un poco de su casa, porque me angustiaba el gesto cansado de uno de sus gatos, y el pelo lanudo y canoso de su perro. Cuando regresé, imaginé que ella me explicaba su soledad, y que hasta pensó vender la Pelopincho, y que a la noche jugaríamos a la Generala. Perdón, tía. Ella no se dejaba ganar, no era posible burlar ese destino azaroso. Besábamos el culo del cubilete y eso lo determinaba todo. Hay besos que dan buena suerte.
Antes de la cena, repasábamos las tablas de multiplicar. Había premio o el castigo de no conseguirlo. Luego, la rutina de su rutina: al baño hay que ir antes de sentarnos a la mesa; cubiertos, platos, servilletas, comer todo sin quejas, buen provecho, buenas noches.
A la mañana siguiente cantaba hay una estrella en mi camino (el loro silbaba), la luz divina de la fe (el viento silbaba), ella señala mi destino (la pava silbaba): llegar a ti, Jerusalem. Mate cocido y tostadas. Madrugar en vacaciones era fácil, no nos costaba, había que aprovechar la luz natural, no sé.
Ella iba a misa. Íbamos con ella. Cantaban agudo y con mucho dolor las señoras creyentes. Entonces decidí: mejor no creer. La tía tenía rosarios que me tentaba desarmar para jugar un juego distinto. Aprendimos una canción de júbilo que yo cantaba con mi dolor infantil. Me parecía parte indispensable del ritual.
La tía también creía en la timba casi diaria. Nunca ganó mucho. Jamás ganó nada.
Yo pensaba que la vejez era eso, y empecé a inflar un prematuro miedo al tiempo. Tenía siete años. A veces, nueve. A veces, setenta.

Cuando crecimos, la tía Clara nos enseñó los límites que las caricias de un hombre exigían. Señalaba desde los dedos de las manos hasta los codos. De las mujeres, nada dijo. Ah, sí, recordé eso primero... y luego llegó todo el resto.

Tierra firme

Dependant Arising by Andy McKee on Grooveshark


Cuando las musas
no se cubran la boca
Cuando las amazonas
abran sus portones
Cuando los tréboles
aumenten sus hojas
Cuando la salud
camine en calma
Cuando el cielo
se rasgue perfecto
Cuando el viento
ruja sin violencia
Cuando los barcos
lleguen a tiempo
Cuando el grito
vea tierra firme

¿Dónde tendrán que buscarnos?
¿En qué lugar estaremos pensando
que todo eso es puro verso,
buscando siempre
otra metáfora?