martes, 15 de mayo de 2012

Buenos modales


Cuando ya no pueda
olvidar el color
de sus ojos,
el amor sentirá pena
por mí, de mí, conmigo.
Inventará, como si pudiera,
buenos modales:

tomará mi abrigo,
dará palmadas 
en mi espalda, 

acercará su mejor silla,
servirá la mesa del mediodía
y buscará
sus anteojos.
Leerá
el largo poema-antídoto.

Oiré resignada, lloriqueando
y observando el efecto
de su remedio lírico
en la panza de la cuchara.

Con expresión maternal
y suaves servilletas
limpiará las comisuras
del último gesto sensible

mientras por mi boca entran
varios sorbos de sopa tibia
y un poco de pan negro.


1 comentario:

Besame otra vez, Ingrid dijo...

Se despertó la paloma. Se despertaba.
Volviste a tus mejores poemas. A tus afectos. Me gustó mucho. Alberto.