miércoles, 11 de abril de 2012

Pagar expensas

Los oídos de los inquilinos
Son sensibles a los pasos desnudos
Ciertos pies descalzos golpean mejor
Saca de quicio la indecisión de muebles
Deslizar una silla: imprudente mala idea

Hace días la entrada queda abierta
Y la violencia llega y pasa cuando quiere
Toquemos madera, toquemos corteza
Pensionista de grandes ojos negros
A nosotras nos esquiva la mala suerte

Al mediodía, activamos la habilidad ñata
El vaticinio del almuerzo ajeno es simple
Salvo el arroz y las comidas de solteros
Salvo el mate y el pan sin fin de mes

En el pasillo hay un perro
Que gime con voz humana
Y muchos pensábamos que era
El brote de un amor fingido
Que no soportó la espera
Hasta la cama o hasta la puerta

Tenemos, dicen, una terraza
Que de nuestra no tiene nada
Y aunque jamás subimos a verla
Se comenta que ahí las ratas saben
Celebrar sobre la ciudad basura
Agradeciendo alimento y hogar

Si vas por Solís en la noche tarde
Te van a robar hasta el alma
(la vecina, con el dedo anciano)
Creo que no se inmuta ni un poco
Mi lenta caminata vespertina, señora
Me parece bien si me la afanan

Y en todo caso
Si no se animan los inanimados
A desanimarme de alma
Igual pensaba venderla
O cambiarla por un viaje
En cualquier máquina rodante
Capaz de acercarme a lugares
Donde las flores asomen sus tallos
Desde un suelo genuino
Y no en balcones, llorones anegados
Sobre veredas rotas y transeúntes
Que alzan los brazos puteando
Por la exclusividad dedicada:

Una porción de menuda lluvia
Cada vez que se ahogue una maceta.


1 comentario:

Besame otra vez, Ingrid dijo...

¡Cuánta generosidad, Me conmueve.( del uno)
Poema urbano, lleno de ruidos. caras sin reconocer. Extraños habitantes. ¿y los pájaros?. Ganamos o perdimos del paraíso perdido Alberto.