viernes, 27 de enero de 2012

Sexto grado

Mi compañera de banco
me cantaba una cumbia
suavecita, al oído.
Yo marcaba el compás
sobre la mesa,
con un lápiz verde
y uno gris.
Me estremecía
el aire de las sílabas
fricativas recorriendo
los canales de mis orejas,
y la letra lisa y hueca y

“no sé si la conocés”
terminó ella.

Enseguida se acercó
al banco de los tresillos,
a toda velocidad,
la maestra.
Su boca olía
a mate cocido,
a nueva y misma
vieja reprimenda.

“No la conozco”
le dije, mientras pensaba
en el ceño de mi vieja,

“no sé si la conocés”
y su nariz
rozaba mi pelo.

lunes, 2 de enero de 2012

Cosas por hacer

Cortarme el pelo más corto,
masculinizar más
mis talones de Aquiles.

Limpiar más seguido mis zapatos,
sin anular el efecto de la suerte
deslizando suelas sobre el pasto.

Reinventar la escena
donde cumplen su papel
algunas palabras escritas.

Simular que aprendo
con ganas de infancia
aquello que pretendo de mi interés.

Simplificar las fracciones familiares,
comprender las ecuaciones del miedo,
del abandono, del desamor.

Iniciarme en la fe de la rutina,
conocerla, saberla de memoria,

como a un himno fácil de silbar.