lunes, 14 de noviembre de 2011

Alas dos (o bien "A las catorce")

Llega la hora
de la reflexión absurda.
Es la hora posterior
a las changas que apenas
compran el pan que dios
no quiere regalarnos,
el pan de cada día.

La hora siguiente al almuerzo
que comparto con mi vieja,
cuando una charla austera
la desalienta para quedarse
a la usual larga sobremesa.
Ella se sirve un tazón
de frutillas con azúcar,
y yo lavo los platos,
y me recuesto con un libro
que me hace pensar, porque
es la hora de la reflexión
absurda, posterior
a las caderas del día.

Así, pienso en los nombres
que amé
como se ama un sueño
de mayúsculas intrepables

y me duermo revisando
mis inexpertas habilidades
alpinistas.

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