jueves, 27 de octubre de 2011

La herida y el gimoteo

La poesía de lejos
me ha herido
con su lanza.

Indígena morena,
atrevida atinada,
me has abierto
mi lado más cerrado.

Cuando te oigo liberar
el pecho de donde maman
los hijos de tus versos,
yo sé que debo calzarme
los zapatos de correr,
porque viene tu flecha
apuntando ciega y directa.

Viene, me hiere y se va.
Se va, viene, me hiere,

se vuelve a ir.

Te corono Reina
del reino de la puntería.
Todas la veces
me convertís en fuente.

Que no te extrañe
si alguna vez,
amazona indómita,
al ristre vuelve seca
tu lanza.

A esta altura,
hay un lago carmesí
a los pies de mis pies.
Y ya no hay linfa mía
que no hayas bebido.

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