sábado, 24 de septiembre de 2011

Primera Convención sobre el Problema del Amor

Honestamente, sin siquiera imaginar el resto de la Convención, paso a contarles en qué consistió la perspectiva de quien no osa llamarse poeta (por lo que se ha tenido que conformar con otra etiqueta).

Con la frente en alto, exclamó la Versera:

- ¡Señores y señoras!
Todos han expuesto
sus respetables
salidas de emergencia.
Distinta es
mi propuesta:
acabo de comprobar
que la única
solución
al problema del Amor

                 es el Amor.

Los gritos en desacuerdo desataron todos sus nudos. Cierta analogía era de esperarse:

- ¡Pero qué dice? Usted está “primitivamente” hablando del clavo que...

Mil veces se oyó caer la palabra martillada en efecto dominó, hasta que la voz de la Versera contestó:

- ¿... saca otro clavo?
No, claro que no,
estimado
señor
ebanista.

- ¿Cómo no? En todo caso, está ofreciendo sólo un espejo a la cuestión.

La indignación de los presentes era un sustantivo concreto. Todos habían asistido a la reunión asegurando ser víctimas del problema, con certificados de extrañas afecciones cardíacas.

-        Acaso sugiere sólo una parte del antídoto – dijo una mente abiertamente

- No, el Amor ha de ser
el remedio todo;

-        Acaso propone una sobredosis – dijo una mente irónicamente.

- Necesariamente.
De mesura no comprende
el asunto que nos ocupa.

Entre quejas y bostezos, la Versera explicó su sentencia con argumentos que podrían haber establecido un acuerdo unánime. Nadie estaba realmente oyendo. La Versera detuvo su discurso en la última A y escapó del lugar.

Medidas que se tomaron finalmente: aplicar la consabida medicación y posponer nuevamente el debate hasta el año siguiente. En el salón vacío, mientras barría, alguien dijo que quizás

sólo en prosa
se demuestra
la cosa.

3 comentarios:

Besame otra vez, Ingrid dijo...

No comento sobre el AMOR. Lo interpreto diferente. : Me detengo en la versera que escapa cobardemente cuando podría conseguir un acuerdo unánime. Alberto

Mimo dijo...

La Versera es cobarde generalmente. Cuando se dispone a ser valiente, le ponen el Stop en las narices.

El humor que interpela escondido tras la cortina.

Besame otra vez, Ingrid dijo...

LA SOLUCIÓN: APARTAR EL STOP. Alberto