martes, 13 de septiembre de 2011

Para completar la mañana

Es necesario que canten
los pájaros del barrio,
instalados ya en el pino
los que antes vivían
en mi ciruelo,
el que preparaba
sus florcitas blancas
mientras todos en casa soñaban,
y sorprendía con nevadas
si trepábamos a sus ramas
para desear el patio ajeno.

Que mi madre tosa un poco
y arrastre sus pantuflas
hasta el baño, hasta la cocina,
hasta que hierva el agua,
mientras el gato da vueltas
y se acuesta sobre sus pies
exigiendo alimento
y palmaditas en la barriga.

Que un hombre afuera
grite ofertas en su megáfono
y el viento confunda
el pregoneo, y lo traduzca
para los oídos de los que madrugan
como una invitación
a probar frutas y verduras baratas,
de nombres incomprensibles.

Que el sonido de un escobillón
comente el hastío junto a su dueño,
y se detenga sobre la pala
recogiendo tierra, hojas,
papeles, colillas,
los vidrios de una pelea
que sólo el barrendero adivina.

Que el buen día de mi viejo
levante sus persianas
Que el auto bostece
exhalando su sueño de humo
Que la menta borre el ronquido
Que el café borre la menta 

La mañana no es
el final de la noche
sino su última
palabra.

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