jueves, 29 de septiembre de 2011

Ley 23.344

Escena disparadora
fuego, caja, acción.

Una mujer se fuma
un cigarrillo.


Yo me fumo una mujer.
Una mujer me fuma.
Si la mujer se esfuma,
yo me esfumo también.

La salud es perjudicial
para el acto de fumar.
¿Es saludable lo perjudicial
para fumarnos el acto?

Corte.
El que sigue.

martes, 27 de septiembre de 2011

Mostrar la voz de los versos

Los invito a pasar por aquí:

http://comoquienoyeleer.blogspot.com/

Un sitio algo olvidado donde leemos poemas en voz alta y esperamos a que alguien más se sume.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Primera Convención sobre el Problema del Amor

Honestamente, sin siquiera imaginar el resto de la Convención, paso a contarles en qué consistió la perspectiva de quien no osa llamarse poeta (por lo que se ha tenido que conformar con otra etiqueta).

Con la frente en alto, exclamó la Versera:

- ¡Señores y señoras!
Todos han expuesto
sus respetables
salidas de emergencia.
Distinta es
mi propuesta:
acabo de comprobar
que la única
solución
al problema del Amor

                 es el Amor.

Los gritos en desacuerdo desataron todos sus nudos. Cierta analogía era de esperarse:

- ¡Pero qué dice? Usted está “primitivamente” hablando del clavo que...

Mil veces se oyó caer la palabra martillada en efecto dominó, hasta que la voz de la Versera contestó:

- ¿... saca otro clavo?
No, claro que no,
estimado
señor
ebanista.

- ¿Cómo no? En todo caso, está ofreciendo sólo un espejo a la cuestión.

La indignación de los presentes era un sustantivo concreto. Todos habían asistido a la reunión asegurando ser víctimas del problema, con certificados de extrañas afecciones cardíacas.

-        Acaso sugiere sólo una parte del antídoto – dijo una mente abiertamente

- No, el Amor ha de ser
el remedio todo;

-        Acaso propone una sobredosis – dijo una mente irónicamente.

- Necesariamente.
De mesura no comprende
el asunto que nos ocupa.

Entre quejas y bostezos, la Versera explicó su sentencia con argumentos que podrían haber establecido un acuerdo unánime. Nadie estaba realmente oyendo. La Versera detuvo su discurso en la última A y escapó del lugar.

Medidas que se tomaron finalmente: aplicar la consabida medicación y posponer nuevamente el debate hasta el año siguiente. En el salón vacío, mientras barría, alguien dijo que quizás

sólo en prosa
se demuestra
la cosa.

viernes, 23 de septiembre de 2011

En medio de mi furia y mi tristeza... - Juana Bignozzi

En medio de mi furia y mi tristeza
vuelven para decirme
hasta cuándo resistirás
con esta poesía dura y guerrera
que mantiene el desconcierto aún en la vejez
ya nadie sabe de qué hablás
todo es una historia ignorada e indescifrable
y ya sólo enamora para siempre a ese fantasma

siempre se escribe para un fantasma
para una cuenta pendiente y oculta
para un fantasma íntimo y secreto
su presencia hace a los poetas

sola con él cruzaré esa última plaza vacía.

martes, 13 de septiembre de 2011

Para completar la mañana

Es necesario que canten
los pájaros del barrio,
instalados ya en el pino
los que antes vivían
en mi ciruelo,
el que preparaba
sus florcitas blancas
mientras todos en casa soñaban,
y sorprendía con nevadas
si trepábamos a sus ramas
para desear el patio ajeno.

Que mi madre tosa un poco
y arrastre sus pantuflas
hasta el baño, hasta la cocina,
hasta que hierva el agua,
mientras el gato da vueltas
y se acuesta sobre sus pies
exigiendo alimento
y palmaditas en la barriga.

Que un hombre afuera
grite ofertas en su megáfono
y el viento confunda
el pregoneo, y lo traduzca
para los oídos de los que madrugan
como una invitación
a probar frutas y verduras baratas,
de nombres incomprensibles.

Que el sonido de un escobillón
comente el hastío junto a su dueño,
y se detenga sobre la pala
recogiendo tierra, hojas,
papeles, colillas,
los vidrios de una pelea
que sólo el barrendero adivina.

Que el buen día de mi viejo
levante sus persianas
Que el auto bostece
exhalando su sueño de humo
Que la menta borre el ronquido
Que el café borre la menta 

La mañana no es
el final de la noche
sino su última
palabra.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El tropiezo - Décima forma




La memoria intacta
de tu postura inquieta
en el banco de madera,
temprano se despierta
- toda la noche simula
un ronquido que engaña.
Supiste bien, en un sentido,
que el tiempo le daba
varias vueltas de bufanda
al pescuezo de la tarde.

Para fingir que no importa
que los minutos y la noche
jueguen al ahorcado
basta con inventar un recreo
sin víctima ni verdugo,
sacar las manos cerradas
y el imperativo: elegí.

Tropezamos luego
en una esquina ¿te acordás?
Sin caminar tropezamos.
No sé vos,
equilibrista imprudente
sin brazos extendidos,
¿por qué causa?
te dejaste caer.
Yo, hecha toda de torpeza,
me perdí ahí sentada.
Fingiré ahora
que no me di cuenta y
por mirarte tanto así
me llevé puestos
tus ojos inmensos,
y tropecé con el beso

el beso conjuro
el beso hipnosis
el beso red
el beso trama
el beso faro.

Entonces supiste bien
demasiado bien
en el otro sentido.

Ya quisiera encontrar
el mismo día
la misma piedra
y tampoco lograría
esquivarla.