jueves, 14 de julio de 2011

El regreso a casa

Ahí donde sucumben
las apuestas del sol,
tras los edificios
que estiran sus sombras
para tocar el estadio,
se adivinan siluetas
queriendo descalzar
la jornada diurna,
tanteando la pared
para encender la luz,
balbuceando un saludo,
para avisar sobre el arribo
a muebles y plantas y jaulas.

Mientras, en la vereda, la luna
se adelanta / duplicada
en los ojos de las siluetas
que pasan envueltas en lanas,
pieles, quejas, a paso presto,
sin notar la particular
mirada satelital / del resto,

y en la calle, la sola fila
de vehículos atrapados
anticipa, para el aire,
un accidente inexcusable.

Hay caballos y carros
que no corresponden
al paisaje citadino,
y los conductores alterados
lo informan con bocinas
que chillan de aburrimiento
y puños enguantados.

De pronto, y como siempre,
se deja oír el grito
de una ambulancia,
el de un pibe perdido,
el de una mujer enferma,
el de un hombre feliz...
me advierten:
la vorágine urbana 
y su llamado de atención.

Por eso, con gesto invariable,
me quedo mirando 
la inmensa arteria del caos
que me lleva a casa.

1 comentario:

Besame otra vez, Ingrid dijo...

PANORAMA DESDE EL PUENTE. Alberto