miércoles, 11 de mayo de 2011

Dos y cuatro

Es el olor a estreno
de prendas que no compro,
que mi madre se empeña
en regalarme
porque “descuajeringada
andás”, me dice.

Es treinta y tres veces
el saludo y treinta y cuatro
el agradecimiento

Son libros presumidos
en bolsitas enmoñadas
en celofanes caprichosos
Salgan, salgan, les digo
que quiero leer
que quiero hojear, oler
quiero
no hay tiempo, viene
un cuñado inmaduro
a quebrarme una oreja
gesto pasado de moda
la mano fría ¡la mano!

Es notar el cambio neutro
Crecer no se puede más
cincuenta, cincuenta y cinco
puntas de pie, simio, dale
para el flash.

Es notable el cambio neutro
Cosas que logré 
en el tiempo ventitrés
Logré dejar uñas enteras
Dije más de lo que debí decir
Dije menos de lo que quería
Dije dame, dije di, dije pavadas
Dije café ¡y jugo y té!
Quiero todavía hojear, oler
Leer quiero
No, dejá el papel
para otro regalo...
Años en eso
¿Cuántos?
No importa, dejá en paz
mis orejas.

Son treinta
y tres abrazos

Y treinta
y cuatro brazos
y quiero dos

Feliz ¡cuidado!
Pero, che...

Es la mancha
violácea
que siempre muestra
la misma forma.

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