domingo, 24 de abril de 2011

Una fuerte discusión

Ella (Angélica) : -  ¡Me odiás! Me odiás porque soy fea, soy negra, soy bicho común (y vos serás bicho raro), soy "igual a todas", soy mendiga de desechos, soy de una comunidad fuerte (aunque la pretendan aplastable), soy voladora, puedo asustarte con sólo asomar todos mis sentidos - en un solo par fino - a los pies de tu cama, soy signo de mugre ¡tu mugre!, de humedad, de jardín insectívoramente colonizado, no te rasqués, no te rasqués que ni te toqué, y además, yo no pico.

Yo: - Te equivocás, querida. Te odio, sí, porque te vi, te vi viendo lo que veo sin que me vean, te vi leyendo sobre mi cuaderno, te encontré sobre el reflejo de mis lágrimas en el baño, ¡en la cortina de la ducha! ¡perversa pervertida!, hablando de mí con el único cazador de la casa, cómo hiciste para convencerlo de no darte muerte, a vos sola, única sobreviviente, que hurgás entre mis trámites pendientes, entre lo que escondo, que espiás mis contraseñas, que presenciás mis cenas solitarias, que caminás, imagino, los tejidos de mi abrigo diario, que sabés si me duele algo ¡Qué sabés si me duele algo!... te odio, sí... porque sos entrometida.

Disculpe, señor lector.
Le comento, le confirmo:
anoche mantuve
una fuerte discusión
con una cucaracha.

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