martes, 14 de septiembre de 2010

El desayuno

A mis viejos

- Las bocas humanas, todas, contienen más o menos lo mismo, ma... - no la miro a mi vieja, porque con eso le estoy hablando de “eso” - pasa que cada cual, cada mente, selecciona rasgos que siempre van más allá de lo visible (lo visible: labios, dientes, lengua, etcétera) y establece, según esa configuración ideal de género y edad, y otras preferencias, lo que le resulta besable... ¿no?- a mi hermana sí la miro. Ella levanta un pulgar ocultando la risa tras la taza.

Papá, que tiene esa manía de cerrarlo y apagarlo todo, busca nervioso la tapa de la mermelada.

- Tomá - me dice mi hermana - tapá el azúcar - y me tira algo que parece un timbre de un hotel antiguo, y sumerge una risa nasal en su té con leche.

Mamá no dice nada, pero me muestra un alfiler de gancho dorado, bastante grande, y me cuenta que lo usaba para sujetar nuestros pañales. Yo lo sostengo un rato hasta que lo abro y me lo acerco a la boca y lo miro a papá. Él sonríe con sus dientes separados (más que los míos) y me pasa un mate casi frío.

- Viejo - le digo - comprale una tapa al termo.

2 comentarios:

Claudio Ariño dijo...

Boca, órgano bello que tiene la palabra y los besos que da y que recibe.
Me encantó nuevamente lo tuyo.

Mariano dijo...

Tiene usted razón...