lunes, 5 de julio de 2010

El problema es esa necesidad
de localizar la molestia
en un esquema conceptual
de lo inconceptualizable.

Pero por algo vengo
e incluso vuelvo
(con cuatro de diez
y uno de cinco)

¡para encontrar el dónde!

Vos, palmadita en el pecho
Yo, gesto de ser
no comprendido,
de no ser
comprendida.

No hay -te lo niego otra vez-
sufrimiento rítmico.
Ya los médicos
me caminaron el cuerpo
con los dedos
porque les señalé un costado
pensando en los de ella.

Sabés que yo sé que te miento,
que hallaste una causa con un nombre
desde que me senté a explicarte
que prefiero atribuirlo todo
a la humedad

aunque me vaya luego
con la falta que me hace
siempre / doliéndome de lejos

como una
pequeña
enfermedad
crónica.

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