domingo, 4 de octubre de 2009

Me miro al espejo...

Me miro al espejo y veo
que mis hombros y mi frente se ensanchan…
Ya no soy una mujer
sino un ídolo de madera.
Llevo la boca abierta, sí
Y algunos indios
divinamente desnudos
arrojan en mi interior piedras
piedras hermosísimas de todos los colores
hasta que por mis ojos inmóviles se asoma
un brillo intenso
que es recibido por uno de los indios
como una bendición.
Entonces él se arrodilla lentamente
y levanta la cabeza cerrando los ojos
mientras el resplandor de los míos
lo va untando en amarillo.
Cuando se pone de pie,¡ toca uno de mis cuatro brazos
con su mano abierta!
Y yo veo un espejo y una cama
y una mujer de madera.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Maravilloso.