domingo, 23 de agosto de 2009

Ausencia - Gabriela Mistral

Se va de ti mi cuerpo gota a gota.
Se va mi cara en un óleo sordo;
se van mis manos en azogue suelto;
se van mis pies en dos tiempos de polvo.

¡Se te va todo, se nos va todo!

Se va mi voz, que te hacía campana
cerrada a cuanto no somos nosotros.
Se van mis gestos, que se devanaban,
en lanzaderas, delante tus ojos.
Y se te va la mirada que entrega,
cuando te mira, el enebro y el olmo.

Me voy de ti con tus mismos alientos:
como humedad de tu cuerpo evaporo.
Me voy de ti con vigilia y con sueño,
y en tu recuerdo más fiel ya me borro.
Y en tu memoria me vuelvo como esos
que no nacieron ni en llanos ni en sotos.

Sangre sería y me fuese en las palmas
de tu labor y en tu boca de mosto.
Tu entraña fuese y sería quemada
en marchas tuyas que nunca más oigo,
¡y en tu pasión que retumba en la noche,
como demencia de mares solos!

¡Se nos va todo, se nos va todo!

viernes, 7 de agosto de 2009

Free run - (José Watanabe )


En medio de la limpia llanura, el cerro.
Sus enormes volutas de piedras encimadas
parecen hervores del infierno.

Llego hasta él
por una senda de cabras. Vengo a ver
sus petroglifos, esa persistencia del hombre en la piedra.

De pronto, precediendo una estela de polvo,
llega una camioneta
inexplicable en estos lugares desolados.
Todo empieza a ser insólito: dos muchachos,
como apariciones, bajan en pantaloneras
y comienzan a trepar ágilmente el cerro. Al parecer
sólo los mueve la alegría de sus musculos.

Saltan de una saliente de piedra a otra,
a las sucesivas otras, la escala
de su alegría. Pienso
en la difícil armonía entre el obstáculo y el cuerpo,
tal el diestro frente al toro
o el poeta frente al poema: se muere
por la disonancia de un pie en falso.

Los muchachos desaparecen en las alturas.
Yo permanezco feliz
en mi lenta esfera
donde respirar es una acción tan intensa
como el impulso
de cualquier bella máquina en movimiento.