martes, 7 de julio de 2009

Para escribir sobre las cosas

Es necesario respirar las cosas para escribir sobre ellas.

Privilegiado el poeta que viaja, y respira, por ejemplo, una montaña o una torre o una flor exótica. Entonces inhala el poeta – o el que así se hace llamar – la esencia de las cosas lejanas para otros. Retiene el aire hasta que, con el rostro un poco morado y las mejillas cómicamente infladas, encuentra un trozo de papel o un muro o su propia piel, y exhala allí, de a soplos, una mezcla de tierra y vértigo y clorofila, que oscila entre la vida y el artificio. Y para él o ella, eso forma parte de un ciclo elemental: el aliento que desprende de su boca regresa a las cosas y estas se dejan respirar nuevamente pero nunca de la misma forma.

Por supuesto, existe también el poeta que no viaja. Cuida éste sus pulmones, y su nariz espera al espectro claro que cuelga sobre el café, al lápiz de madera, al libro viejo, al incienso barato… y por fin al sueño, y allí a la montaña, la torre y la flor.


Mariela Lanús

7 de Julio del 2009

2 comentarios:

Anónimo dijo...

El viejo truco de andar por las sombras..Bendita la que viaja sin pasaje.

Mimo dijo...

Anónimo: Claro que sí... pero después la multa es de 8 pesos argentinos.