martes, 21 de julio de 2009

Destrocé los tímpanos de un jarrón
aventando en su interior
insultos como flechas

Ahora llevo mi boca limpia y libre
en una mano

y el jarrón, por si acaso,
frágil y al acecho
en la otra.

Al azar

Abrir un libro casi a la mitad
y encontrarse allí con una palabra que no es hija
de ninguna otra.
Conmoverse hasta los mocos

y terminar adoptándola.


Mariela Lanús
El ángel no es más que la sombra
Ave que pertenece a la tierra,
adorna el suelo.
La oscuridad
que enciende cualquier cuerpo.

La promesa de una silueta más alta
o un árbol vestido
es la sombra.


Por ahora sostenemos la habitual idea
del sentido común

Por ahora somos seres superfluos
entregados a un propósito
más o menos irrelevante.

Por ahora aceptamos la cristalización
de una costumbre, de un idioma,
de alguna mentira.

Por ahora nos abocamos a la tarea
de formar parte.

Por ahora confiamos
en la eficacia del tiempo y la moneda.

Por ahora inventamos otro reino como excusa
para olvidar el que tenemos
o para ocultarlo
.

Por ahora nos pertenece la piel
y lo que con las manos podemos hacer
(o las manos del que puede hacer y no lo sabe)

Por ahora lloramos sin verbo, hablamos sin llanto
de la existencia eterna
por ahora

Porque la vida es siempre provisoria.


Mariela Lanús

20 de Julio del 2009

martes, 7 de julio de 2009

Para escribir sobre las cosas

Es necesario respirar las cosas para escribir sobre ellas.

Privilegiado el poeta que viaja, y respira, por ejemplo, una montaña o una torre o una flor exótica. Entonces inhala el poeta – o el que así se hace llamar – la esencia de las cosas lejanas para otros. Retiene el aire hasta que, con el rostro un poco morado y las mejillas cómicamente infladas, encuentra un trozo de papel o un muro o su propia piel, y exhala allí, de a soplos, una mezcla de tierra y vértigo y clorofila, que oscila entre la vida y el artificio. Y para él o ella, eso forma parte de un ciclo elemental: el aliento que desprende de su boca regresa a las cosas y estas se dejan respirar nuevamente pero nunca de la misma forma.

Por supuesto, existe también el poeta que no viaja. Cuida éste sus pulmones, y su nariz espera al espectro claro que cuelga sobre el café, al lápiz de madera, al libro viejo, al incienso barato… y por fin al sueño, y allí a la montaña, la torre y la flor.


Mariela Lanús

7 de Julio del 2009