martes, 10 de marzo de 2009

La bestia y las agujas

Hubo una vez una bestia exacta que confiaba en la eficiencia de la puntualidad, la caída justa y el sueño de ocho horas. Se comía de un bocado la suerte, el azar, bebía el jugo insípido del calendario y la agenda, y ya estaba lista para tragar el resto del día. A veces - sólo a veces - pedía que la vistan, que la aguanten o la hagan girar en una silla de oficina, que la besen en un micrófono barato, que le teman y que no. La bestia imponía el saludo crudo en el ascensor y el permiso "al dente" en el tren; sujetaba las manos a los poetas en el banco, a los amantes en los bancos; acomodaba las palabras correctas en las bocas y en el papel; dictaba la disciplina de un cerebro pulcro, las conductas a imitar.
Un buen día nos cansamos: la invitamos a tomar el té a las 5 en punto. Mientras masticaba una tostada, sintió terribles pinchazos en el vientre, como si las tres agujas sometieran sus entrañas a una relajante sesión de acupuntura.

Mariela Lanús
10 de Marzo del 2009

1 comentario:

nico topadora dijo...

En el fin de la rutina.
Salgo a martillar relojes,
a quemar calendarios.
Elimino la linea que separa el dia de la noche.
Me olvido
de ayer,
de hoy,
de mañana,
pierdo la nocion de linealidad temporal.
Disfruto de mi eternidad acotada.