sábado, 24 de enero de 2009

Mi noche de viernes

Ensalada. “Siete arriba”. Suena Oscar Peterson. Melón, no es postre. Tamborileo impreciso de mis dedos. Segundos en silencio, el próximo tema. Me levanto para aplaudir a mi soledad. Barthes baila ante mis ojos como un demente. Desnudo mi pluma para acompañar su falta de respeto. Me deja, Barthes, así puedo ir a buscar mi guitarra. Acordes nuevos, cadencia decadente... murmuro una melodía interesante para mi almohada. Un calor insoportable me llena el vaso con espuma de nombre Artois. Reviso mi correo y me entero: la palabra del día (noche) es “arroyo”. Comento un libro de Alan Pauls en un foro de críticos más que pedantes. Me cansan estos idiotas que, como decía Girondo, saben cacarear pero nunca ponen un huevo. Se acaba mi viernes, la última gota, y mi cabeza en la primera hora del sábado.


Mariela Lanús
23 de Enero del 2009

3 comentarios:

L'aura dijo...

Ahora que nombraste la Stella me hiciste desear, che.
Me suena muy familiar lo que contaste.Algunas noches hay que ingeniárselas, sísí, de todas maneras la noche se acaba en un suspiro.
Beso!

Mimo dijo...

Pues sí, L'aura!

Mocosa dijo...

De hacer todo, lo más simple y lo más complejo, más bonito, de eso de trata siempre... Yo prefiero confesar de "zopeton" y sin adornos que nunca nadie me espera y yo siempre espero dejar de esperar a alguien.