viernes, 30 de enero de 2009

Dientes mordientes

Hasta que se unan nuevamente tus dientes.
En mi yugular, híbrido de sal y azúcar.
En mis tejidos, en mi telar,
cáscara inútil de mi garganta.

Hasta que encuentres todos lo sabores.
Escarbá entre mis músculos débiles.
Hilos dentales de arándanos, mis venas.
Desgarrá mis voces más íntimas.

Mirá, así, como si cerraras un bostezo espontáneo, enorme...
Que todo tu cansancio descanse hundiéndose en mi cuello.
Yo te lo guardo, lo absorbo todo, lo disuelvo en mis brebajes,
esos que preparé especialmente para tu sed.



Mariela Lanús
30 de Enero del 2009

7 comentarios:

L`aura dijo...

Muy vampirezco,eh.
"Hilos dentales de arándanos, mis venas",está buenísimo.
Suerte!:)

Mimo dijo...

Gracias, gracias, L'aura, por leerme, L'aura, gracias.
Salud!

Ojaral dijo...

Lindo, lindo. Prepararse uno como manjar para el otro. Ta bueno eso. Y ya quisiera tener tu oido para los versos, che.
Saludos!

Anónimo dijo...

mmm Arandanos...tan dulcemente nostalgicos y melancolicos, la mejor fruta catolica...amen y arriba Irlanda con sus grises paisajes Saludos!

Mimo dijo...

Ojaral: Merci. Pero si mi oído está bastante atrofiado... demasiado Jazz, che... jaja. GRACIAS.

Anónimo: Irlanda... muero por viajar allí y que me duela el pecho con toda su humedad (y lo digo en serio). Más allá de la fruta y la religión, ¡que siempre andan tan juntas, parece!
Amén! ¡Arriba Irlanda, los arándanos y el anonimato! :)

Mocosa dijo...

¡¡Y arriba los dientes blancos y sin caries!! ... Ya que tanto nos gustan los molares y demás...digo...

Francisco dijo...

Hasta que cada uno vuelva a hacer de sí mismo... hasta que el reloj marque las horas (hasta el timbre).

Francisco.