sábado, 6 de septiembre de 2008

Consejos para estar solo


Elija un lugar en la lejanía (cuanto más lejos, mejor) y recluya allí su insignificante existencia. Pero antes no olvide tomar un libro, cualquiera.
Ya en su territorio (suyo y sólo suyo), cierre las rejas, el candado, la puerta, las cortinas, la boca. Siéntese en el suelo y cruce sus piernas (crúcelas como pueda). Abra los brazos, extiéndalos. Cierre los ojos y, con sus manos (brazos extendidos, recuerde), tantee el vacío a su alrededor. Comprenda que la ausencia es menester. Es entonces cuando comenzará a sentir ganas de cartas, de mensajes, de otros rostros, de voces... ¡Esto recién comienza! ¡Abrace sus piernas, no desespere, abrace sus piernas!. Entierre la cara entre sus rodillas como estuviera viendo dentro de un jarrón (de eso se trata). Luego de unos minutos levante la cabeza (las lágrimas no importan porque son sólo lágrimas). Observe el techo, mírelo con todas sus miradas, con todos sus gestos, con todos sus ojos. Ahora recuéstese. Tantee el suelo. Comprenda que el frío es necesario. Si su estado físico se lo permite, puede volver a abrazar sus piernas. Acompáñese con una canción, cántele a su reflejo en la baldosa número tres, arréglese la camisa en la número cinco. Póngase de pie sobre la número ocho. Sonría (sonría como pueda). Coloque sus manos sobre su cabeza. Olvide sus recuerdos, no desespere, olvide sus recuerdos y vuelva a recordarlos.
Ahora sí, usted está impregnado de ausencia. Entonces deslícese despacio por cada rincón, llene los espacios con su soledad (de eso se trata).
Bien, si ha seguido los consejos al pie de cada letra, ya habrá pasado media hora...
Y, por cierto, con el libro – no desespere- con el libro puede usted hacer lo que le parezca más conveniente.

1 comentario:

Fantômas dijo...

La soledad es un placer que se disfruta sólo solo.