domingo, 10 de agosto de 2008

Encuentro


¿Quién se encuentra así?... nadie. ¿Quién se encuentra en un tren destartalado? Quién se encuentra buscando a alguien más para no dejar tan intacta la soledad y compartir las quejas y el temor de quedarse hasta altas horas de la noche encerrada en un vagón. Porque a veces se me ocurren esas tonterías. A veces se me ocurre que pasamos allí la noche y vos me hablás de Nebrija, de un príncipe, de otras cosas, y te confieso que no me gusta estudiar y que no sé escribir poesía pero la escribo de todos modos. Y pasamos allí la noche, y la noche nos pasa allí. Se me ocurre que querés compartir un asiento o un cigarrillo pero yo no fumo y vos ya encontraste un lugar en el espacio para las mochilas. Y yo te observo con temor, con el temor que siempre me persigue, y es que me asustan un poco tu barba y tus piernas colgando. Entonces se me ocurre que frente a una ventana cualquier cobarde se tienta. Total, vos estás ahí arriba, como un niño serio, concentrado y yo puedo planear perfectamente mi huída... ¿hacia dónde?. La clase de Gramática ya está comenzada y, por cierto, afuera espera la noche. Quizás sea ella quien me sujeta a mi asiento y me obliga a intentar descifrar los mensajes en cada bocanada de humo. ¿Qué me decías cuando se pasó la noche, cuando pasamos la noche, cuando nos pasó? ¿Nos reconocimos en el instante en el que nos encontramos porque yo buscaba a alguien más? Yo podría haberte advertido de mí, de todo lo que tiene que ver conmigo pero pasamos la noche, y la luz y el tren se deshicieron de nosotros y nos devolvieron a nuestras vidas.


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